Por fin me atrevo a desayunar a la española aquí. La ventaja de vivir en pleno centro - todo está a tiro de piedra y no tardas nada en llegar a puntos más interesantes de la ciudad. Un gran inconveniente - casi todo en la zona cuenta con los guiris. En fin... si sabes buscar bien, encontrarás lo que buscas. A vuelta de la esquina doy con un bar enano y acogedor. Una tostada con café que antes de llegar a España nunca jamás he tomado. Así empezamos nuevo día, ya me está haciendo muchísima ilusión imaginar las cosas de mi plan esbozado para hoy.
Intento número 1. El plan de ir al Thyssen-Bornemisza fracasa con estallido. Siendo lunes el día de la entrada gratis, hay una cola de tantos kilómetros que decido mejor pagar por entrar el otro día. El fracaso se va convertiendo pronto en una ventaja - voy al Prado, ya que está aquí al lado y la entrada me es gratis todos los días (por enécima vez me digo cuánto me encanta ser estudiante). Tres horas seguidas de salas enredadas, cuadros, cuadros, cuadros... Por supuesto, Las Meninas, Goya (quien a decir la verdad no me ha impresionado mucho), El Bosco y el ambiente genial del arte de todas las épocas. Antes de salir me decido a llamar a mi madre ("Te llamo desde el Prado, ya puedes oler el óleo y lienzo, a que sí, mamá" :) ), pero no me contesta y escucho en vez de su voz el habitual "La persona a la que llama está apagada o fuera de cobertura en este momento. Inténtelo de nuevo más tarde".
El almuerzo, y me pierdo otra vez entre chuchicheos de la Cuesta de Moyano en otro intento de encontrar el "Madrid" de Paloma Ulloa. Me fascine como escribe. Pero sin éxito. Algún día me encontrará el mismo libro, naranja y con una fina cinta negra.
Ángel Caído, te vuelvo a mirar y tan preciosa me parece tu historia que hasta llego a regalarte mis propias alas para que pudieras volver a volar. Rumbo al Círculo de Bellas Artes. Aquí me acuerdo de la famosa "De Madrid al cielo". Tengo que bajarme por las escaleras, aunque casi me creo poder hacerlo por el aire directamente desde la azotea. Gran Vía y Plaza de España con un mercadillo de artesinía. Y aquí, oh aquí... encuentro algo que he querido encontrar desde hace mucho tiempo - un reloj con leontina. Qué ilusión, me lo compro sin pensar. Pequeño, con un buho, me habla de su vida colgante y mesurada, yo lo escucho sonriendo. Tranquilo, ya no estamos solos.
Hoy me toca encontrar el atardecer al lado del Templo de Debod. El sol arde lentamente, conmovido de ver a su amante, el día, apagándose, y la ceniza de sus lágrimas se desvanece en el cielo alisado. Cada noche se despiden apenas respirando de miedo ante la oscuridad que tienen que pasar a solas y cada día el alba los encuentra juntos, uno hallándose en brazos del otro.
La cena en "Casa de Granada", otra vez veo Madrid desde el cielo. Más tarde la medianoche me encuentra en la Puerta del Sol con las doce campanas. De costumbre pido un deseo, aunque sea abril y lunes, sé que se cumplirá.
Porque mi deseo es verte primero al despertarme mañana, Madrid.