domingo, 26 de mayo de 2013

Vergüenza. Me inundas día tras día, sabes que no me hace ninguna gracia cenar contigo y escucharte soltando despropósitos. Me haces sufrir pensando en lo poco que valgo agarrándome a mis sentimientos. Eso no debe ser así, me gritas en la cara, ¿es que no lo ves, estúpida, desagradecida, orgullosa? Sigue así y seguro algún día sabrás lo penetrante que es este dolor, porque al fin y al cabo la vida nos lo devuelve todo, y serás tú que lo recibirá y lo sentirá del todo. 

Cuando algo sobra - siquiera sea el amor, la atención o la admiración - no te queda otro remedio que tratar de quitártelo del medio. Disminuir la densidad, librarte, salir corriendo a tomar un poco o mucho de aire neutral. Fuera de la jaula de emociones, fuera al campo. Correr y correr y correr y correr sin mirar hacia atras, riéndote a toda voz, tropezar, caerte, arrepentírte de que lo has rechazado todo así de un plumazo. Sin levantarte, ponerte a llorar sin consuelo (estando a solas en pleno campo, qué más da), inundándote en lágrimas, murmurar entre llantos mil veces "lo siento", pero en vano, ya nadie te presta la atención. Darte cuenta de que no puedes acordarte del camino para atrás porque lo has corrido tan entusiasmado, agitado, libre y solo. 

Ir arrastrando los pies, volver a darte cuenta de que sigues murmurando. 

Lo siento, mamá. Lo siento tanto. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Cogito, ergo sum.

Creo firmemente que hay una relación directa entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que llegamos a ser nosotros mismos y lo en que se convierte nuestra vida. No soy la primera que lo dice, tampoco seré la última. Es tan verdadera esta idea como la que dice que sólo existe todo lo en que creemos. 

Puedo afirmar que a mí aplicar las dos me resulta alucinante hasta el día de hoy. Es la cuestión tanto de práctica como de la fé. Empiezando con ejemplos más sencillitos de pensar en el camino al banco que sólo habrá dos personas en la cola (y al llegar descubrir que esto sí se ha cumplido) y terminando con las afirmaciones que te ayudan llevar a cabo los sueños más atrevidos. El universo no distingue entre la broma y el deseo más querido, lo toma todo en serio. 

Hace unos meses me quité de mi vocabulario casi por completo las palabras como "cansada", "muerta", "hecha polvo", "reventada" y otras que tienen que ver con el cansancio. Tampoco le dejo ocupar mis pensamientos de ninguna forma que se invente. El resultado es que se ha ido de mi vida corriendo. Hablad más de lo vivos que os sentís y ya veréis que el estado físico no tardará mucho en cambiar. Funciona igual de fácil como la famosa "Cuando te sientes feliz, sonríes. Pero también vale lo contrario: si te sientes triste, sonríe y ya verás como se te subirá el ánimo".

Puedo dar toneladas de ejemplos, pero lo que convence más es la experiencia. Pruébadlo vosotros si os atrevéis. 

Al fin y al cabo, nosotros mismos construimos lo que nos rodea. Lo traemos todo en nustra vida arrastrando los matices que elegimos ¿adivinad quién? nosotros mismos. Artistas, actores, protagonistas, directores, músicos, arquitectos de nuestras propias vidas. No lo gastéis en vano el don de vivir. Tomad un pincel y pintad vustras pensamientos y vuestras palabras de los colores que queráis que tengan. 


Every person, all the events of your life are there because you have drawn them there. What you choose to do with them is up to you. (c) R.Bach


domingo, 19 de mayo de 2013

A solas.

Un amigo me ha dicho que la soledad es el estado más natural para nosotros, que nacemos solos y morimos solos. La soledad nos sigue por la calle pisándonos los talones, nos despierta por la mañana, nos habla en los sueños y sólo se calla empujada en un rincón cuando le damos una buena patada y quedamos con unos amigos. Se rinde sólo para volver a mirarnos a los ojos y agarrarnos con más firmeza más tarde. 

La trato de sentir esta idea, la de lo natural que es la soledad en nuestra vida. Y no me llega a convencer. No me sale bien fingir y hacerme creer que tengo que acostumbrarme a vivir con ella como mi amiga más íntima y verdadera. Que le den, quiero que se vaya a buscar la vida en otro lugar, que son muchos en la tierra. Ya ha vivido demasiado tiempo a mi lado, y nunca ha pagado ni una vez el alquiler. No es nada natural, no lo creo y no quiero fingir. 

Por lo mucho que diga todo esto, me doy cuenta de que no se cambia mucho la cosa. Sigo estando harta de buscar a alguien con quien dar una vuelta, ir a la playa, jugar al bádminton, leer en un parque, pasar la tarde. Muchas veces no encuentro a nadie, todo el mundo ya tiene otros planes para esta vida. Yo quedo sin otro remedio que mirar a la soledad riéndome en la cara. Me amargo, y no me lo quita este sabor a ajenjo ni helado ni chocolate ni la misma mañana bulliciosa y llena de la gente. 

Soy una soñadora irremediable. Y aunque vuelva a sentarse aquí a mi lado la soledad, le hago caso omiso. Me imagino cosas, quizá es menos natural todavía que estar sola, pero así me siento mejor, así tengo tiempo para inventarme un nuevo cuento que me renueve la esperanza y aleje lo que algunos llaman el estado más natural de una persona. 

sábado, 11 de mayo de 2013

Tres.


Por fin me atrevo a desayunar a la española aquí. La ventaja de vivir en pleno centro - todo está a tiro de piedra y no tardas nada en llegar a puntos más interesantes de la ciudad. Un gran inconveniente - casi todo en la zona cuenta con los guiris. En fin... si sabes buscar bien, encontrarás lo que buscas. A vuelta de la esquina doy con un bar enano y acogedor. Una tostada con café que antes de llegar a España nunca jamás he tomado. Así empezamos nuevo día, ya me está haciendo muchísima ilusión imaginar las cosas de mi plan esbozado para hoy. 

Intento número 1. El plan de ir al Thyssen-Bornemisza fracasa con estallido. Siendo lunes el día de la entrada gratis, hay una cola de tantos kilómetros que decido mejor pagar por entrar el otro día. El fracaso se va convertiendo pronto en una ventaja - voy al Prado, ya que está aquí al lado y la entrada me es gratis todos los días (por enécima vez me digo cuánto me encanta ser estudiante). Tres horas seguidas de salas enredadas, cuadros, cuadros, cuadros... Por supuesto, Las Meninas, Goya (quien a decir la verdad no me ha impresionado mucho), El Bosco y el ambiente genial del arte de todas las épocas. Antes de salir me decido a llamar a mi madre ("Te llamo desde el Prado, ya puedes oler el óleo y lienzo, a que sí, mamá" :) ), pero no me contesta y escucho en vez de su voz el habitual "La persona a la que llama está apagada o fuera de cobertura en este momento. Inténtelo de nuevo más tarde". 

El almuerzo, y me pierdo otra vez entre chuchicheos de la Cuesta de Moyano en otro intento de encontrar el "Madrid" de Paloma Ulloa. Me fascine como escribe. Pero sin éxito. Algún día me encontrará el mismo libro, naranja y con una fina cinta negra. 

Ángel Caído, te vuelvo a mirar y tan preciosa me parece tu historia que hasta llego a regalarte mis propias alas para que pudieras volver a volar. Rumbo al Círculo de Bellas Artes. Aquí me acuerdo de la famosa "De Madrid al cielo". Tengo que bajarme por las escaleras, aunque casi me creo poder hacerlo por el aire directamente desde la azotea. Gran Vía y Plaza de España con un mercadillo de artesinía. Y aquí, oh aquí... encuentro algo que he querido encontrar desde hace mucho tiempo - un reloj con leontina. Qué ilusión, me lo compro sin pensar. Pequeño, con un buho, me habla de su vida colgante y mesurada, yo lo escucho sonriendo. Tranquilo, ya no estamos solos. 

Hoy me toca encontrar el atardecer al lado del Templo de Debod. El sol arde lentamente, conmovido de ver a su amante, el día, apagándose, y la ceniza de sus lágrimas se desvanece en el cielo alisado. Cada noche se despiden apenas respirando de miedo ante la oscuridad que tienen que pasar a solas y cada día el alba los encuentra juntos, uno hallándose en brazos del otro. 

La cena en "Casa de Granada", otra vez veo Madrid desde el cielo. Más tarde la medianoche me encuentra en la Puerta del Sol con las doce campanas. De costumbre pido un deseo, aunque sea abril y lunes, sé que se cumplirá. 
Porque mi deseo es verte primero al despertarme mañana, Madrid. 

martes, 7 de mayo de 2013

Porque es genial.

Acabo de venir del festival de cortometrajes. Gracias a CICUS de vez en cuando me meto en junglas de lo más cultural de nuestra universidad y siempre me llevo algunas ideas de cada actividad. Lo que me fascina en los cortometrajes es que saben expresar mucho en poco tiempo, como si fueran "ollas express".

Quizá, uno de los cortometrajes más alucinantes que he visto es Luminaris de Juan Pablo Zaramella. Tiene mucha luz, detalles preciosas y una gran idea. Aunque la explicación pueda parecer poco original, me encanta. Porque es genial.


viernes, 3 de mayo de 2013

Algún día vendrás. O mejor dicho, sobrevendrás como un chaparrón en agosto, sin darme tiempo para sacar el paraguas ni bajar a la tierra. No sabré decirte que te quedes, no hará falta que lo haga. No habrá que pedirte que me acompañes, tampoco tendré que preguntarte de dónde eres. No sabremos todo de antemano, ni a dónde vamos ni por qué vamos por el sendero que pisamos. No hará falta saberlo todo, aprenderemos recordando juntos. A volar, a respirar, a mirar, a escuchar, a hacer el amor, a sentir, a callar. A ser. 

Algún día vendrás. Y no querré decirte que te vayas. 

Dos.


Abro los ojos escuchando la mañana. Suena bien, suena a Madrid, al ritmo de su corazón. Me levanto y salgo para empezar el día en el Rastro que se va despertando hacía la ronda de Toledo. Me pierdo por un rato entre la gente sacando de memoria todo lo planeado para el día. Después el metro me lleva hacía Iglesia, donde me toca descubrir el Madrid más tranquilo y pensativo. El Museo de Sorolla con sus cuadros volantes y ligeros, de gasa y brisa; el Museo de la escultura al aire libre y plaza de Colón. Damos un paseo conversando lisa y llanamente, Madrid y yo. Nos reímos como locos ante los espejos en el Museo de Cera, los que te hacen parecer a un enano o un granadero. Nos calmamos al entrar en la magia de impresionismo y postimpresionismo en el Museo Mapfre.

Un descanso para el almuerzo y me llegan fuerzas para descubrir el Lavapies. En el camino se me muere la batería del móvil y nace una nueva aventura. Me encuentro en el parque de Casino de la Reina donde me llama la atención el partido del tenis de mesa. Ya que me he prometido probar, experimentar y descubrir, pido a los chicos que me enseñen a jugar, y la media hora siguiente me meto en el ambiente de deportistas empedernidos. Todavía me sigue la sensación de tener la raqueta en la mano cuando me despido de ellos y me pongo a caminar hacía la calle Bailén. El móvil muerto, ni llevo el reloj encima. Qué sensación más curiosa da preguntar a alguien en la calle "Perdón, ¿qué hora es?". En los tiempos cuando nos rodean por todos lados las máquinas ya no nos hace falta comunicar tanto ni hacer la pregunta más sencilla y común que ha caído en desuso.

El día se va entremuriendo en la plaza de Armería. Me hago un poeta por un rato y me entrego en las manos de inspiración dejándoles caer a la papel unas líneas en las que le hablo a Madrid. El atardecer me coge contemplándolas, y las guardo en el bolsillo junto con las últimas rayas del día. Ya tengo un esbozo de ti, mi Madrid, y mañana te seguiré dibujando.