martes, 30 de abril de 2013

Uno.


Atocha, las 10 de la mañana, fresquito y hace sol. Llevo una mochila y puñados de sonrisas en el bolsillo. Llego a darme cuenta de que estoy en Madrid y tengo seis días enteros a mi disposición. Entre primeras aventuras - el tour por el centro a pie. Ya que me siento valiente y quiero escuchar la ciudad contando sus leyendas sin tener mezclados los matices y culturas en mi mente, me meto en el grupo para hispanohablantes. Las tres horas siguientes me tienen hechizada los cuentos de Madrid. Ante mis ojos vuelven a la vida Luis Candelas hablando a solas con la modista de la Reina sin darse cuenta de que éste será su último amorío; Hemingway tomando café en el Botín y perdiéndose en las miradas deslumbradas de peatones; Álvaro de Bazán cantando victoria tras victoria. Hoy Madrid me desabrocha algunos de sus enigmas prometiendo contar más los días que vienen.

Me sigue susurrando sus historias en el recorrido por la calle Alcalá, el paseo de Prado, la Cuesta de Moyano - donde me atrapa la magia de los libros casi haciéndome caer en la tentación de llevarme uno - y finalmente se acuesta a la sombra de los árboles en el Parque del Retiro soñando a mi lado con los cuentos eternos de su infancia.

Escucho como respira, quieto y sosegado, el Madrid libre de prisa y ruido. Se le escapa de uno de sus sueños ingrávidos una mariposa y se apoya en mi hombro. Aquí me quedaré hasta el atardecer, y ya veremos qué nos toca mañana. 

domingo, 28 de abril de 2013

7-1=6. Así te recordaré.

Me encanta moverme. Trenes, aviones, coches, bicicletas, espaldas de osos (ironía ON). Según dicen, el viaje no consta de sí mismo sino del movimiento constante, de la búsqueda de caminos, de la anticipación de novedades. 

Esta vez mi novedad fue la Capital Europea de la Cultura del año 1992 (sí, ahora mismo os hago comprobarlo en Wikipedia). Estuve un par de veces antes pero nunca pude decirle "hola" en voz baja y crédula, mirarle en los ojos y distinguir los colores de su alma. Entonces me tomé otra oportunidad. Esta vez decidí vivir a tope seis días del viaje que me había regalado y lo hice así de fuerte que casi llegué a conocer Madrid mejor que a mi propia ciudad.

Atocha, sábado, las 10 de la mañana. La primera impresión: fresquito y el sol. La segunda: el olor a las aventuras y la liberación. Apenas tuve tiempo para coger el corazón que casi se me escapó volando hacía el cielo bajo el que se despertaba lentamente y aspirando al nuevo día Madrid. 
Seis días, siete, diecisiete o sesenta o setecientos, cada uno toma el tiempo que necesite para conocer las estaciones ciertas de la vida. A algunos aquí no les bastan dos semanas, otros se beben las calles en un día. Unos se llevan sonidos, miradas, colores y gestos, otros - camisetas con Guernica y imanes con Cibeles. 

A mí no me gustan mucho las excursiones organizadas ni todos esos tipos de pasatiempo cuando te meten en un grupo así practicamente pegándote en el frente una etiqueta que pone "guiri". El correspondiente tratamiento garantizado. Soy más de deambular por las calles, mirar de reojo a la gente, notar, escuchar la vida en la ciudad, visitar museos de vez en cuando y volver a caminar las calles. 

Describiré mis seis días en breve. Trataré de hacerlo en cortas líneas ya que no veo mucho sentido en inundar las páginas de descripciones detalladas y en muchas ocasiones ordinarias. Eso intentaré y ya veré cómo me sale. 

viernes, 19 de abril de 2013

Para mis madrileños.

No puedo esperar hasta mañana. Acabo de llegar de Madrid y no voy a poder a dormirme sin escribir lo que me está pasando ahora mismo por dentro.
Seis días se han pasado volando, literalmente. Ni me ha dado tiempo recoger las plumas de sus alas que perdía en el camino. Se quedarán entre el cielo y mis recuerdos. 
Lo que no cabe en mí ahora mismo, que no me deja ir a dormir, que me hace escuchar la música a las dos de la madrugada, sea la que sea pero que tenga palabra "Madrid" en su nombre o letra, que me hace casi llorar de alegría es lo siguiente. Entre risas y lloros que siguen dándome vueltas por dentro balbuceo "gracias" sabiendo que a los que lo digo ya los tengo un poco más lejos de lo deseado. 

Ante todo, he encontrado un nuevo trocito de mi familia. Son madrileños, son del Segoviano y son un encanto. Ha sido más que un simple placer encontrar la mañana con ellos y saber que me esperan igualmente por la tarde y por la noche. Gracias a mis amigos del Segoviano por su cariño, sobre todo gracias a Miguel y a Santi, que me han cuidado tanto y me han hecho sentir en casa. 

Gracias a Alejandro quien me acompañó mi primer día; gracias a Luis quien me enseñó la ciudad desde lo alto y llevó a ver el atardecer al lugar más bonito de Madrid; gracias a Cármen por ayudarme con los libros, que es uno de mis amores eternos; gracias a Jesús quien supo enseñarme uno de los bares más típicos y auténticos de la ciudad y casi se hizo amigos con mi cámara. Gracias a toda la gente que me ayudó durante mis pequeñas vacaciones de las que he aprendido un montón. 

Eso es lo que no cabía dentro - decir gracias. Os quiero. Vosotros sí importáis. Son las personas que dan más matices a las ciudades, que las hacen más bonitas y especiales, y diferentes para cada uno que viene a conocerlas. Vuestras sonrisas son las que iluminan las calles y pintan cada día de nuevos colores. Y sin vosotros tal vez no llegara nunca a decir "Madrid te quiero". 

jueves, 4 de abril de 2013

Al son del azahar y la lluvia.

Se me ha parado el reloj. El último golpe contra el suelo habrá sido de sobra para vulnerar su alma delicada. No tengo ganas de llevarlo a la relojería, necesitamos un descanso los dos.
Se me ha perdido el tiempo. Se habrá ido al mismo paraíso que el reloj, ya que los dos tienen mucho que ver, y algo me hace pensar que me han dejado por acuerdo.
Se me han vuelto las ganas de aspirar al verano. La lluvia que según el dicho solía ser pura maravilla en Sevilla ya no lo es. Azahar también me mira con la vista confundida y algo desarmada, como si me dijera "Oye, pero me habráis esperado, ¿no?". Pues, le vuelvo la vista, y callada y sonriente le guiño "Ya verás, no hay mal que por bien no venga".

No hay mal que por bien no venga. Olvidemos un rato de la prisa, del reloj, de la lluvia y malas mañanas. Camino por la calle y me llena de alegría y placidez el aliento de azahar. Nos conocimos la semana pasada, pero ya sabía que aquello fue el comienzo de la esperanza primaveral con mayúsculas.
Una esperanza más, una hora menos. Yo ando sin rumbo por el tiempo. Y es la música del cielo que me abre el camino.


miércoles, 3 de abril de 2013

Triunfo de los enigmas.

Una imagen vale más que mil palabras. Como decimos en ruso "mejor ver algo una vez que escuchar de ello mil veces". No sé si es cierta alguna de las dos traducciones, pero la idea sí es tan cierta como verdadera.
Aprecio mucho las experiencias nuevas y no dejo de llevarme por emociones al contemplar la belleza de tantas cosas en la vida. Sin embargo, nunca pensé que me pudiera asombrar tanto la Semana Santa. Por lo mucho que escuchara a la gente diciendo que valía más para "los fanáticos religiosos", yo la viví como pude, y tan preciosa me pareció que hasta llegó a gustarme el olor de incienso. 

Es mágica y misteriosa. Es de otro mundo, no tiene nada que ver con la vida cotidiana. Hasta parece algo extraterrestre y indescifrable, como si se rompiera la barrera sagradamente vigilada entre nuestro mundo y el otro de la solemnidad y el enigma profundo. Los pasos en los que se para el tiempo. La música que sobrevine, te inunda y te toca el alma en los momentos más inesperados.

Puedo entender a los que no ven nada especial en ella al vivirla varios años, ya no parecerá ni mágica ni fascinante, sólo se asociará a demasiada marcha, calles ahogadas por el gentío y el cuento que se repite año tras año con los mismos pasos e imagenes. Aún así, estoy encantada por su ambiente y su hechicería y magia irrepetible con matices de oro y púrpura. Es una de las experiencias las que hay que vivir por lo menos una vez, respirarlas y saborear, digan lo que digan los demás.