Atocha, las 10 de la mañana, fresquito y hace sol. Llevo una mochila y puñados de sonrisas en el bolsillo. Llego a darme cuenta de que estoy en Madrid y tengo seis días enteros a mi disposición. Entre primeras aventuras - el tour por el centro a pie. Ya que me siento valiente y quiero escuchar la ciudad contando sus leyendas sin tener mezclados los matices y culturas en mi mente, me meto en el grupo para hispanohablantes. Las tres horas siguientes me tienen hechizada los cuentos de Madrid. Ante mis ojos vuelven a la vida Luis Candelas hablando a solas con la modista de la Reina sin darse cuenta de que éste será su último amorío; Hemingway tomando café en el Botín y perdiéndose en las miradas deslumbradas de peatones; Álvaro de Bazán cantando victoria tras victoria. Hoy Madrid me desabrocha algunos de sus enigmas prometiendo contar más los días que vienen.
Me sigue susurrando sus historias en el recorrido por la calle Alcalá, el paseo de Prado, la Cuesta de Moyano - donde me atrapa la magia de los libros casi haciéndome caer en la tentación de llevarme uno - y finalmente se acuesta a la sombra de los árboles en el Parque del Retiro soñando a mi lado con los cuentos eternos de su infancia.
Escucho como respira, quieto y sosegado, el Madrid libre de prisa y ruido. Se le escapa de uno de sus sueños ingrávidos una mariposa y se apoya en mi hombro. Aquí me quedaré hasta el atardecer, y ya veremos qué nos toca mañana.