miércoles, 3 de abril de 2013

Triunfo de los enigmas.

Una imagen vale más que mil palabras. Como decimos en ruso "mejor ver algo una vez que escuchar de ello mil veces". No sé si es cierta alguna de las dos traducciones, pero la idea sí es tan cierta como verdadera.
Aprecio mucho las experiencias nuevas y no dejo de llevarme por emociones al contemplar la belleza de tantas cosas en la vida. Sin embargo, nunca pensé que me pudiera asombrar tanto la Semana Santa. Por lo mucho que escuchara a la gente diciendo que valía más para "los fanáticos religiosos", yo la viví como pude, y tan preciosa me pareció que hasta llegó a gustarme el olor de incienso. 

Es mágica y misteriosa. Es de otro mundo, no tiene nada que ver con la vida cotidiana. Hasta parece algo extraterrestre y indescifrable, como si se rompiera la barrera sagradamente vigilada entre nuestro mundo y el otro de la solemnidad y el enigma profundo. Los pasos en los que se para el tiempo. La música que sobrevine, te inunda y te toca el alma en los momentos más inesperados.

Puedo entender a los que no ven nada especial en ella al vivirla varios años, ya no parecerá ni mágica ni fascinante, sólo se asociará a demasiada marcha, calles ahogadas por el gentío y el cuento que se repite año tras año con los mismos pasos e imagenes. Aún así, estoy encantada por su ambiente y su hechicería y magia irrepetible con matices de oro y púrpura. Es una de las experiencias las que hay que vivir por lo menos una vez, respirarlas y saborear, digan lo que digan los demás.

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