jueves, 4 de abril de 2013

Al son del azahar y la lluvia.

Se me ha parado el reloj. El último golpe contra el suelo habrá sido de sobra para vulnerar su alma delicada. No tengo ganas de llevarlo a la relojería, necesitamos un descanso los dos.
Se me ha perdido el tiempo. Se habrá ido al mismo paraíso que el reloj, ya que los dos tienen mucho que ver, y algo me hace pensar que me han dejado por acuerdo.
Se me han vuelto las ganas de aspirar al verano. La lluvia que según el dicho solía ser pura maravilla en Sevilla ya no lo es. Azahar también me mira con la vista confundida y algo desarmada, como si me dijera "Oye, pero me habráis esperado, ¿no?". Pues, le vuelvo la vista, y callada y sonriente le guiño "Ya verás, no hay mal que por bien no venga".

No hay mal que por bien no venga. Olvidemos un rato de la prisa, del reloj, de la lluvia y malas mañanas. Camino por la calle y me llena de alegría y placidez el aliento de azahar. Nos conocimos la semana pasada, pero ya sabía que aquello fue el comienzo de la esperanza primaveral con mayúsculas.
Una esperanza más, una hora menos. Yo ando sin rumbo por el tiempo. Y es la música del cielo que me abre el camino.


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