viernes, 28 de junio de 2013

20.09.2012

El 20 de septiembre, 2012. Se acercan las cuatro de la tarde. Casi las dos de la tarde en Moscú. La embajada está abierta hasta las dos. Hoy es jueves, mañana es el último día que trabajan esta semana. El lunes empiezan las clases en la Universidad de Sevilla. No puedo pensar en nada, sólo cuento minutos, segundos, momentos, mis dedos cruzados. Que ocurra un milagro, sé que existen. Las cuatro menos tres. El tiempo se para. De repente, suena mi móvil, llaman desde la embajada, lo cojo y ahora escucho mi propia voz, temblando: "Sí, sí, desde luego, ¿puedo ir mañana? ¿y mi pasaporte, lo llevo? muchas gracías, hasta luego". Cuelgo. Son las cuatro. Las dos en Moscú. Si es un sueño, que nadie me despierte. Empiezo a enterarme, pero todavía no me lo puedo creer, mis dedos tiemblan al marcar el número de mi madre. Un billete, el primer vuelo a Moscú. Mañana a esta hora ya habré cogido mi visado. Voy a España, VOY A ESPAÑA, ¡Dios míoooooooooooo! Salto como una loca por mi cuarto, estoy que lloro de alegría. Mañana habrá que madrugar, no tengo nada preparado, no importa, maleta, ¿dónde está mi puñetera maleta? Ésta no, otra, más grande, y qué me llevo a Moscú? Me lo preparo todo, bieeeen, pero me lo llevarán los míos, voy con un solo bolso. Habrá que llegar a primera hora a la embajada. Habrá que, ¿qué importa? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VOY A ESPAÑA, YO VOY!!!!!!!!!!!! 

Así empezó. Dicen que ya se va acabando, pero yo nunca jamás haré la cuenta atrás.